Le había quitado su vestido de novia, mientras bailaban. Nunca se lo habría permitido, si no hubiera sido por aquella promesa.
Él quedó jugando con los cientos de metros de seda blanca cubriéndose el rostro, y no podía verla. Para él era sólo eso, un juego.
Él quedó jugando con los cientos de metros de seda blanca cubriéndose el rostro, y no podía verla. Para él era sólo eso, un juego.
Ella quiso morir en aquel instante.


1 comentarios:
!Qué hermosa foto! y el relato es muy sugerente.
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