Esta tarde, veinte de Julio, me levanté de golpe pensando que era mediodía. Sin embargo, atardecía. Me estremecí de placer al comprobar que era así. No sé por qué había creído otra cosa. El cansancio de la noche anterior en la que había tocado el cielo como nunca lo había hecho antes, me cambió el ritmo de vigilia y sueño.
Salí y respiré el aire húmedo que venía del mar, sintiendo una profunda felicidad que me embargaba de forma sorprendente y nueva para mí.
Abrí los ojos estirándolos al máximo,c omo si me desperezara, y entonces lo ví : el sol advertía de su marcha con unas nubes anaranjadas y una luz amarilla que se asemejaba a la erupción de un volcán. En ese momento sentí esa luz dentro de mí, que también se desbordaba como el volcán, y sentí que la vida valía la pena.
Salí y respiré el aire húmedo que venía del mar, sintiendo una profunda felicidad que me embargaba de forma sorprendente y nueva para mí.
Abrí los ojos estirándolos al máximo,c omo si me desperezara, y entonces lo ví : el sol advertía de su marcha con unas nubes anaranjadas y una luz amarilla que se asemejaba a la erupción de un volcán. En ese momento sentí esa luz dentro de mí, que también se desbordaba como el volcán, y sentí que la vida valía la pena.
Y todo era real, estaba ahí, justo detrás de mi ventana.

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