El mirador estival

Relatos veraniegos a cámara lenta

3:43

Insomnio

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Debe de ser el calor, o las hormonas, o la luna. En las noches de insomnio, la mente se convierte en una maquinaria perversa que elabora en ese estado de semi-consciencia imágenes y pensamientos desbocados. Desde lo más disparatado y divertido, hasta lo más macabro.
Me resistí todo lo que pude, jamás me han gustado esas historias tan convencionales de los que te aconsejan: cuenta ovejas.
Pues bueno, por una vez me puse a ello, a contar ovejas. Por probar no perdía nada. Una, dos, tres….y, como si se tratara de algo mágico, me encontré en un paisaje esponjoso y húmedo en el que se daban cita todos los matices del verde. Lo de menos eran las orondas ovejas de cabeza negra. Observando con detenimiento, ese entorno me resultaba familiar. Yo había andado sobre esa hierba húmeda oyendo constantemente el ruido del agua, contemplando como en cuestión de minutos el sol se escondía tras gruesas nubes y teniendo que correr a refugiarme porque el chaparrón caía a continuación, inmisericorde. Inmediatamente, como haciendo un guiño después de tan pesada broma, el sol asomaba por un resquicio de los nubarrones enfocando retazos de verde cambiante y luminoso. La irrealidad del momento era sublime y te transportaba a un lugar sin tiempo.
Por donde iba, las ovejas se habían desperdigado y eso ya no era un rebaño digno de ser contado de manera ordenada. Dejé de lado las ovejas y me concentré a pensar por unos momentos donde me encontraba. ¡Acabáramos! en Donegal, el norte de Irlanda, la isla verde. Y esas alucinaciones el producto de una leve borrachera de Guinnes, tendría que volver al pub de anoche, me habían gustado esos maravillosos efectos.

1 comentarios:

Yisus dijo...

Yo también quiero una sesión de Guiness como esa, Pilar. La necesito.

Muy buen trabajo. Gracias por participar. Un abrazo.

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