Esta mañana, diecinueve de Julio, me levanté de madrugada pensando que ya era de día. Me estremecí de dolor al comprobar que no. No sé qué hacía a tales horas. El cansancio de tanto llanto del día anterior me había cambiado el ritmo de sueño y la vigilia.
Me quedé en silencio, sin un solo movimiento, esperando, no sabía muy bien el qué..
Ya no tenía esperanza tras lo sucedido. Me había desgarrado el corazón esa pérdida. Seguí esperando sin moverme, apenas podía notar mi respiración. Y entonces sucedió: el sol anunciaba su salida, primero con unas luces anaranjadas en las nubes, después una explosión de luz amarilla, antes de poder verlo, que parecía brotar de la cima de la montaña como un volcán. Esa luz dorada inundó mi corazón haciéndome creer por unos minutos que yo vivía allí, en la luz, en el sol, y que nada había ocurrido.
Me quedé en silencio, sin un solo movimiento, esperando, no sabía muy bien el qué..
Ya no tenía esperanza tras lo sucedido. Me había desgarrado el corazón esa pérdida. Seguí esperando sin moverme, apenas podía notar mi respiración. Y entonces sucedió: el sol anunciaba su salida, primero con unas luces anaranjadas en las nubes, después una explosión de luz amarilla, antes de poder verlo, que parecía brotar de la cima de la montaña como un volcán. Esa luz dorada inundó mi corazón haciéndome creer por unos minutos que yo vivía allí, en la luz, en el sol, y que nada había ocurrido.
Y parecía tan real, justo ahí, delante de mi ventana.

1 comentarios:
Estupendo comienzo para el ejercicio, Peña. Que cunda el ejemplo y que sigas participando así. Yo tendré que esperar aún unos días, pero prometo escribir tantos relatos como mi imaginación y este mes de agosto me permitan.
Besos desde mi cueva.
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