El mirador estival

Relatos veraniegos a cámara lenta

7:51

Ola de calor

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Getafe, Madrid. Dieciseis horas y quince minutos. Temperatura interior, veintisiete grados; temperatura exterior, cuarenta y un grados (y subiendo). Un gorrión acaba de desplomarse sobre la acera, frente a mi ventana, víctima sin duda de un golpe ¿de calor?, ese concepto nuevo y utilizado hasta la saciedad, tanto que a la vista de esta escena (tan común) algunos aprovecharían para enfatizar sobre polémicas políticas y medioambientales. Ociosos.
Pocos valientes por la calle, pegados en fila india a la escasa sombra que a estas horas arrojan los edificios, paseantes forzosos camino de la última media jornada de esta semana, quizá de este mes, tal vez alguno, a su pesar, ni siquiera vuelva a disfrutar del frío del próximo invierno. Cuerpos anónimos se arrastran como muñecos con los rostros desfigurados, quejosos, amargados, mostrando no obstante muecas idénticas a las de sus ancestros, aquellos abuelos que ocho décadas atrás, cuando el aire acondicionado era un invento sin futuro de los muchos que se importaban de allende los estates, cruzaban estas calles que entonces eran sólo polvo y cantos, bajo el mismo sol abrasador que nos sigue sacudiendo, ajenos entonces al significado de términos como calentamiento global, gases invernadero, política medioambiental, golpes de calor.
Ellos apartaban con las alpargatas los pájaros que caían en el camino. El botijo, la sombra de la higuera, el abanico y el pañuelo de cuatro nudos. No había luz ni apagones.
Y encima eran felices.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Buenísimo, Yisus, como siempre nos deleitas con tus relatos.

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