Estaba el mar, y también la luz brillante de un caluroso domingo de Julio.
En la playa, apenas cuatro gatos se perdían a lo lejos.
Era toda nuestra. Yo miraba distraída el horizonte, disfrutando de ese día mágico -mente en blanco-, cuándo entonces sucedió:
mi pie derecho que hasta ese momento había estado ausente, comenzó a cambiar de aspecto y a crecer lentamente, sin ningún dolor.
Creí que lo soñaba, pero no. Ocurría ahí mismo, delante de mis ojos, podía tocarlo. De su planta iban brotando con suavidad pequeñas montañas sembradas de pinos oscuros, formando el paisaje, que en minutos se fundía en un todo.
Me quedé mirando con sorpresa, pero sin miedo.Era verdad.
No quería levantarme para no aplastar esa postal que había brotado de mí misma.
Hacía un rato que me estaban llamando,pero el asombro y la desazón impedían cualquier movimiento voluntario.
En la playa, apenas cuatro gatos se perdían a lo lejos.
Era toda nuestra. Yo miraba distraída el horizonte, disfrutando de ese día mágico -mente en blanco-, cuándo entonces sucedió:
mi pie derecho que hasta ese momento había estado ausente, comenzó a cambiar de aspecto y a crecer lentamente, sin ningún dolor.
Creí que lo soñaba, pero no. Ocurría ahí mismo, delante de mis ojos, podía tocarlo. De su planta iban brotando con suavidad pequeñas montañas sembradas de pinos oscuros, formando el paisaje, que en minutos se fundía en un todo.
Me quedé mirando con sorpresa, pero sin miedo.Era verdad.
No quería levantarme para no aplastar esa postal que había brotado de mí misma.
Hacía un rato que me estaban llamando,pero el asombro y la desazón impedían cualquier movimiento voluntario.
Yo notaba cómo, despacito, las montañas y sus árboles iban enraizando en mi pie, subiendo luego por la pierna, muy adentro, muy profundo. Oía voces, volvían a llamarme.No era capaz de destruir aquello. El sollozo se hizo presente, y pude expresar entre lágrimas, un dolor indefinido que me paralizaba.
Entonces todos corrieron, y me quedé sóla de nuevo. Sóla con mi pie derecho. Aproveché para admirarlo, para conectar con aquel paisaje,esas raíces enredadas. Y en ese instante, justo detrás del árbol más grande, advertí algo...Era una clara señal para que ese extremo de mi cuerpo se reuniera en el bosque de sombras.
Ahora mi pie ve la misma playa cada día y cada noche. Es su playa. Sólo que la ve desde enfrente, de espaldas al mar , justo al otro lado de dónde yo me encuentro.
Entonces todos corrieron, y me quedé sóla de nuevo. Sóla con mi pie derecho. Aproveché para admirarlo, para conectar con aquel paisaje,esas raíces enredadas. Y en ese instante, justo detrás del árbol más grande, advertí algo...Era una clara señal para que ese extremo de mi cuerpo se reuniera en el bosque de sombras.
Ahora mi pie ve la misma playa cada día y cada noche. Es su playa. Sólo que la ve desde enfrente, de espaldas al mar , justo al otro lado de dónde yo me encuentro.

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