El mirador estival

Relatos veraniegos a cámara lenta

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Brenda

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Frankie

Todo el mundo sabe que Frankie es un pobre diablo, un tipo silencioso que sólo abre la boca para dar malas noticias. Cuando lo vi entrar en el restaurante del hotel Luxor, sospeché que algo en la ciudad no andaba bien. Es Brenda, me dijo, se ha lanzado al vacío desde una de las torres del Excaliber. Llegamos a tiempo para ver como el forense arrancaba con una espátula los restos de piel que habían quedado pegados al asfalto.

Brenda

Gané a Brenda en una partida de blackjack, del tipo que la perdió sólo recuerdo que al verla salir de la habitación se desplomó sobre una botella de bourbon. Una noche, en el tocador de señoras del casino, Brenda me contó que era casi una niña cuando un productor de cine de Los Ángeles le rompió la nariz con el segundo rollo de la versión coloreada de “Que bello es vivir”. Desde entonces, me dijo, tengo la fea costumbre de esnifar cocaína por el culo.

Ernie

Perdí a Brenda en una mala mano, el tipo que la ganó se llamaba Ernie Costello, el mejor jugador de poker de Nevada. Los ojos de Ernie funcionaban como un detector de mentiras. Después de ganar aquella mano, Ernie Costello, metió a Brenda en la vitrina de los trofeos.

Ray

Brenda Watson no hizo ni una sola vez en toda su vida lo que debía hacer. La noche que el boxeador Ray Morales le regaló un diamante, la muy imbécil, lo guardo en el bolsillo de Ernie. Frankie me contó, que una ocasión Brenda había intentado taponar una herida de bala con la aceituna de un dry martini.

Miller

El detective Miller es un tipo sin sonrisa, piensa que las únicas mujeres que valen la pena cobran cincuenta dólares por hora. Fue él quien me contó, la misma noche de la tragedia, que en la garganta de Brenda habían encontrado semen de siete jugadores de los Broncos de Denver. Recordé, que un día antes de largarse con Ernie Costello, Brenda había dicho: Sabes, Tim, lo que más admiro en un hombre es que lleve los calzoncillos limpios.



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